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Me llamo Damián – Galería Contrast

Solo Exhibition — Gallery Contrast (Photo Installation)

“My Name is Damián” is a deeply personal project born from moments of profound joy and heartache. It tells the story of Silvia, a woman whose journey toward motherhood was fraught with challenges. Faced with the heartache of infertility, she places her hopes in a sacred promise to Saints Cosme and Damian, praying for the miracle of a child. That miracle arrives on February 1, 1980, coinciding with her birthday—a poignant fulfillment of her faith.

Damián’s arrival, however, is far from ordinary. Born weighing just 1,300 grams due to complications during pregnancy, he defies the odds, becoming one of the smallest surviving infants in Mar del Plata. After 12 tenuous days in an incubator, he triumphs over frailty, finding solace in his mother’s embrace on Mother’s Day.

His life continues to be shaped by moments of resilience and love. At two, he suffers a febrile seizure that briefly halts his heartbeat. During a desperate race to the hospital in a ’64 Ford Falcon, Silvia’s bravery shines—she revives her son with mouth-to-mouth resuscitation, a moment etched in memory by the bite he gives her as he comes back to life.

The narrative expands to include other pivotal chapters: the uncomplicated birth of Betiana in 1982, followed by the bittersweet arrival of Leandro in 1988, whose fragile life lasts only 12 days.

“My Name is Damián” honors these fleeting lives—pure, untouched by hatred—and offers a profound reflection on mortality. Drawing from diverse cultural and spiritual beliefs, it suggests death as a transition, even a blessing, rather than a tragedy. This heartfelt exploration of life and loss is a tribute to the enduring beauty of brief but meaningful existences, offering a philosophical lens to accept and celebrate life’s most fragile yet profound moments.


En el tejido íntimo de la existencia, surge “Me llamo Damián” como un proyecto que se erige sobre los cimientos de experiencias personales profundas y conmovedoras. Silvia, gestora de vida y de esperanzas, se encuentra en un rincón de la vida donde la fertilidad parece esquivarla. En su anhelo de maternidad, decide realizar una promesa en la iglesia de San Cosme y San Damián, médicos y mártires, cuya intervención divina daría origen a un nuevo ser llamado Damián.

El 1 de febrero de 1980, fecha que coincidía con el cumpleaños de Silvia, la promesa se materializa: Silvia está embarazada. Sin embargo, este nacimiento está marcado por la fragilidad, una lucha desde sus inicios. Damián, enfrentándose a las complicaciones derivadas de una placenta que no cumplió su función como nutriente, nace con apenas 1,300 kg, desafiando las expectativas y convirtiéndose en uno de los primeros casos en Mar del Plata de un bebé tan pequeño. El trayecto de Damián se forja en la incubadora durante 12 días, y el día de la madre, rompe las barreras de la fragilidad para encontrarse en los cálidos brazos de su madre.

El relato continúa, marcado por momentos de angustia y amor entrelazados. A los dos años, una convulsión febril sumerge a Damián en un episodio crítico. En el trayecto al hospital, en el auto emblemático de la época, un Ford Falcon modelo ’64, la vida se desvanece momentáneamente. Silvia, madre valiente, revive a su hijo mediante respiración boca a boca, mientras el niño, con su mordida inesperada, despierta nuevamente a la vida. La sangre y las lágrimas se entrelazan en un simbolismo profundo.

El 19 de mayo de 1982, nace Betiana Karina Pissarra Da Fonseca sin complicaciones. Pero la vida, caprichosa y a veces cruel, nos lleva al 12 de agosto de 1988, cuando Leandro nace en medio de un parto dramático y enfrenta una existencia efímera de tan solo 12 días.

“Me llamo Damián” se erige como un homenaje a esos seres, ángeles libres y puros, que nunca conocieron el peso del odio. En su esencia, el proyecto propone una mirada positiva hacia la muerte, desafiando las nociones convencionales y sugiriendo que, en línea con las creencias de diversas tribus y culturas, la muerte puede ser una bendición, no una desgracia. Este viaje personal se convierte en una exploración filosófica sobre la vida, la pérdida y la aceptación, un testimonio vibrante que desentraña las complejidades de la existencia y celebra la esencia pura de aquellos que han transitado por el breve pero eterno sendero de la vida.